Espuma


A ella le encantaba sentarse al borde el barco, que navegaba ya mar adentro, admirando como se formaban todas esas olas que desembocaban desordenadamente en espuma y acababan desapareciendo sin dejar huella alguna, como si jamás hubieran existido.

Amaba esa sensación desde el día que pudo tocar la espuma con sus propias manos. Ocurrió durante una mañana soleada, cuando ella había decidido ir a dar un paseo por la orilla para mojar sus pies. Miró al cielo, y observó las nuevas durante unos instantes, dejando que la tranquilidad que eso la aportaba, junto con los graznidos de las gaviotas que sobrevolaban su cabeza, la invadiera completamente haciendo que perdiera la noción del tiempo. Así, sin darse cuenta, ya había alcanzado casi el final de su paseo. Justo entonces, y antes de dar media vuelta, sus ojos se toparon con unos grumos de espuma blanca amontonados en la orilla, que probablemente el mar se habría olvidado de deshacer. Se acercó lentamente a uno de ellos, temiendo que se desvaneciera en cualquier momento, y se detuvo frente a él, dispuesta a inspeccionarlo con cuidado. Nunca antes había visto tanta espuma junta; siempre lograba desaparecer antes de que ella pudiera rozarla, aunque fuera con la puna de los dedos. Tenía curiosidad por saber cómo sería su tacto, y cómo se sentiría al tenerla en contacto con su piel. Entonces, sin tan siquiera pensarlo, dio un paso adelante, y hundió sus pies en la blanca y salada espuma. Aquella sensación era increíble; la sintió fría en un principio, pero no la importó. Resultaba blanda y fina, como si fuera casi inexistente. La notaba pero a la vez no, resultaba tan extraño… Pero aquello la encantaba.

El grito del capitán anunciando que ya habían llegado a su destino la sacó completamente de su recuerdo, devolviéndola a la realidad. Bajó del barco, y rápidamente se dirigió a la playa. Y, una vez más, lo vio: un grumo de espuma amontonado en la orilla, atorado entre las rocas. Así, sin poder resistir la tentación, se dispuso a revivir aquel recuerdo una vez más.



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